Aval cambiario; concepto y función

Aval cambiario

Concepto y función del aval cambiario.

El aval es una declaración cambiaria, realizada por el avalista a favor del avalado, cuyo fin típico es garantizar el pago de la letra de cambio (artículo 35.1º LCCH).

La intervención del avalista se dirige a reforzar el crédito cambiario mediante una declaración complementaria a las que hacen circular la letra. De forma general, el avalista ocupa la misma posición que el avalado, como obligado cambiario, pues la causa de su obligación es garantizar la obligación cambiaria, en caso de impago del avalado.

La eficacia del aval es mayor cuando quien garantiza el pago de la letra es un tercero distinto de los que ya lo garantizaban de forma accesoria, como por ejemplo, el librador o el endosante. En el plano económico, el aval tiene una función de crédito, que beneficia al acreedor cambiario, pero también al deudor, porque la firma del avalista favorece la seguridad del pago.

La LCCH establece que el avalista puede garantizar el pago total o parcialmente (artículo 35.1º), admitiendo el aval general o limitado, respectivamente. Salvo que se estipule lo contrario, se presume que el aval es general, con base en el artículo 37.1º de la LCCH y la jurisprudencia (p.e. STS de 17 de febrero de 2004). La limitación de la garantía ha de ser expresa, bien indicando la cantidad concreta o el porcentaje a que asciende la responsabilidad de garantía. Incluso se puede limitar a garantizar exclusivamente los intereses.

Elementos personales del aval.

1.- El avalista

Puede ser avalista un tercero o un firmante u obligado cambiario de la letra (artículo 35.2º LCCH). No obstante, en algunos supuestos es posible que un mismo sujeto firme la letra dos veces bajo condiciones diferentes. Por ejemplo, un representante de una sociedad que acepta la letra y avala el pago a título personal.

Es posible que haya dos o más avalistas, que, salvo pacto en contrario, ocupan la misma posición frente al tenedor de la letra. Las relaciones internas entre co-avalistas se rigen por las reglas particulares de la confianza, siempre que no sean incompatibles con el régimen cambiario. Si existen dos o más obligados cambiarios, la responsabilidad de cada avalista dependerá de la de su avalado respectivo.

2.- El avalado: la falta de su indicación.

En la declaración cambiaria ha de expresarse quién de los obligados cambiarios es el avalado, indicación que pude hacerse de diferentes modos: identificando directamente el avalado o señalando su posición cambiaria (p.e. “por aval del aceptante”). No se entiende que existe indicación tácita del avalado por el mero hecho de que el avalista firme al lado o bajo la firma de otro obligado cambiario, pues es necesario mencionarlo expresamente.

El artículo 36.3º de la LCCH determina que a falta de indicación expresa, el aval se prestó por el aceptante (no por el librado), y en su defecto, por el librador. Se precisa la aceptación para considerar que el aval se presta por el aceptante, si bien no impide que el aval sea anterior a la aceptación, siempre que ésta se produzca.

El aval se entiende concedido por el librador en el caso de que, aun habiendo sido aceptada la letra, el librado tachara o cancelara la aceptación (artículo 34.1º LCCH), o bien cuando la aceptación se notifique por vía extracambiaria (artículo 34.2º), pues el propio artículo establece una presunción iuris tantum a favor del librado, en el sentido de que la tachadura se presume hecha antes de la devolución del título, de tal manera que la notificación extracambiaria de la aceptación surte efectos limitados.

Forma y tiempo del aval.

Requisitos formales

En principio, los requisitos formales del aval se limitan a la mera indicación de que se presta “por aval” o fórmula equivalente, junto a la firma del avalista (artículo 36.2º LCCH), de tal manera que se exprese en el título que se asume una obligación cambiaria en garantía del pago de la letra (artículo 35.1º).

Si bien no existe una fórmula determinada, debido a que el modelo timbrado de la letra de cambio (a efectos del pago del Impuesto de Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados) utiliza la expresión de la Ley, “por aval de”, ha fomentado la generalización de dicha fórmula. Asimismo, el modelo timbrado introduce otras menciones no previstas en la Ley, como la fecha del aval (importante en relación con la alteración del texto de la letra o la capacidad del avalista), el nombre y domicilio del avalista.

El aval ha de estar contenido en la propia letra o en sus suplemento (artículo 36.1º LCCH), reiterando lo dispuesto en el artículo 13 de la Ley, en relación con las menciones que pueden estipularse en el suplemento.

La firma en el anverso de la letra como aval.

El artículo 36.2º de la LCCH es un precepto de carácter imperativo que dispone que la simple firma de una persona en el anverso de la letra de cambio tiene valor de aval cambiario. Es la llamada “forma sustitutoria” del aval. La excepción de este supuesto es la firma del librado o librador puestas en el anverso. Esta excepción es una mera reiteración de otros artículos de la LCCH, que conceden a la firma del librado valor de aceptación (artículo 29) y a la del librador valor de libramiento (artículo 1.8º). Si existen dos firmas del librador, se entiende que la segunda constituye aval otorgado por aquél en garantía del cumplimiento de su obligación por el aceptante.

Aval en documento separado.

El artículo 36.5 de la LCCH establece que el aval en documento separado no produce efectos cambiarios. Con este artículo se soluciona la consideración como aval cambiario de aquél que se formalizara en documento al margen de la letra. Aspecto ciertamente conflictivo para la doctrina y la jurisprudencia (SSTS de 3 de junio de 2002 y 2 de junio de 2004). El aval en documento separado no es una declaración nula, sino que solamente carece de efectos cambiarios. En este sentido, para que tenga efectos como garantía extracambiaria del pago de la letra, habrá que atender a si es una fianza u otro contrato de garantía personal.

Tiempo del aval.

El aval puede incorporarse a la letra en cualquier momento entre el libramiento y el vencimiento de la misma. De modo que la firma del avalista puede ser utilizada con vistas a la circulación de la letra. En todo caso, quien se ha obligado a suscribir la declaración cambiaria del aval no puede exonerarse de su obligación por el simple hecho de que el deudor cambiario garantizado no ha firmado, especialmente si el avalista y el librado-avalado actúan de forma concertada. Así se pronuncia la STS de 20 de noviembre de 1991 en relación con la actuación del aceptante y sus avalistas, siendo la primera una sociedad de responsabilidad limitada y los avalistas sus tres únicos socios. En el caso de que el avalista se niegue a suscribir la declaración cambiaria, no habrá responsabilidad cambiaria, aunque se le podrá exigir responsabilidad por incumplimiento de la obligación de hacer.

El artículo 35.3.o) de la LCCH regula la posibilidad de que el aval se suscriba después del vencimiento y denegación del pago de la letra. Este aval no tendrá eficacia si el avalado ya ha quedado liberado de su obligación cambiaria. Lo que se pretende con este aval “tardío” es reforzar la protección del librador cambiario.

Naturaleza jurídica

El artículo 37.1º de la LCCH determina cuál es la naturaleza jurídica del aval cambiario, al señalar la responsabilidad del avalista.

A raíz de este artículo, el aval se posiciona como una garantía autónoma, cuestión que es importante en dos aspectos. En primer lugar, la autonomía del aval es una contraposición con la accesoriedad de los contratos de garantía en general. Asimismo, es autónoma, a diferencia de otras garantías personales, categoría en que está encuadrado el aval cambiario.

Cabe recordar que el aval es una garantía personal cambiaria por la cual el avalista asume como propia una obligación cambiaria ya existente. El hecho de que la LCCH en su artículo 35.1 defina el aval como la garantía del pago de una letra, no permite calificar el aval como garantía objetiva del pago, sino que se configura como garantía subjetiva, en el sentido de que el aval cambiario persigue asegurar el comportamiento de un sujeto (el cumplimiento de la obligación cambiaria).

La base del principio de autonomía del aval cambiario es que éste sigue siendo válido aun cuando la obligación garantizada sea nula, salvo que la nulidad de la obligación garantizada sea por un vicio de forma (JIMÉNEZ-SÁNCHEZ). La STS de 28 de marzo de 2003 argumenta la nulidad del aval al ser nula la letra, si bien, considera la obligación del avalista como una obligación accesoria, sobre la base de la concepción del CCo. En este sentido, el aval se contrapone al contrato de fianza, en el que la obligación del fiador es accesoria a la obligación principal, hasta tal punto que, tal como determina el artículo 1824.1º del CC, la fianza no puede existir sin una obligación válida.

A los efectos de la nulidad del aval, no existe vicio de forma si se produce la firma de un avalado incapaz, o la nulidad o inexistencia de su obligación por cualquier causa que no se aprecie en la propia letra. P.e. Supuesto de firma falsa (artículo 8) o firma en representación de otro sin poder (artículo 10 LCCH).

Asimismo, según SÁNCHEZ-CALERO ha de entenderse que también se produce la nulidad del aval si se omiten los requisitos esenciales o naturales de la declaración cambiaria, de tal manera que el documento no deba considerarse letra de cambio, sobre la base del artículo 2 de la LCCH.

La responsabilidad cambiaria del avalista.

1.- El avalista como obligado directo.

La obligación del avalista se caracteriza en dos aspectos fundamentales. Es una obligación de garantía, en el sentido de que el avalista responde de igual modo que el avalado (artículo 37 LCCH). Asimismo, es una obligación solidaria, que tiene sus particularidades respecto de la obligación del resto de obligados cambiarios.

El avalista del aceptante es obligado directo al pago de la letra, de modo que, si llegado el vencimiento de la letra el aceptante no realiza el pago, estará obligado a ello el avalista (artículos 37 y 33 de la LCCH). Así pues, el tenedor de la letra puede ejercitar la acción directa contra el aceptante y su avalista, bien en vía ordinaria, bien ejecutiva, sin levantar protesto o declaración equivalente (artículo 49.1º y 2º LCCH). Por su parte, en vía de regreso puede ejercitar la acción contra ambos quien hubiera pagado la letra. No obstante, tal como argumenta la STS de 17 de junio de 2005, la obligación del avalista es cambiaria, de tal manera que no responde en caso de ejercicio de acciones extracambiarias.

En caso de que el librado no acepte la letra, no surge la obligación cambiaria correspondiente y, por tanto, el avalista no asume responsabilidad cambiaria alguna (artículo 50.2º.a) LCCH). El avalista garantiza el cumplimiento del aceptante, tal como se deduce del artículo 36.3º de la LCCH. En el caso de que falte aceptación, la obligación garantizada no existe, impidiendo que se ejerciten acciones cambiarias contra el avalista. En caso de que el tenedor presente la letra a la aceptación, pese a la cláusula que lo prohíbe, y el librado acepta, la aceptación despliega todos sus efectos, afectando al avalista.

No se puede dirigir la acción contra el avalista si el librado se halla en situación de insolvencia o el embargo de sus bienes fuera infructuoso (artículo 50.2º.b) LCCH). Sin embargo, la acción puede dirigirse contra el avalista si el aceptante ha sido declarado en concurso (artículo 50.2º.b)).

2.- El avalista como obligado en vía de regreso.

Cuando lo que el avalista garantiza es la obligación del librador o el endosante, es un obligado cambiario en vía de regreso (artículo 50.1º LCCH). En todo caso, la acción de regreso contra el avalista sólo se ejercitará en caso de falta de pago de la letra y levantamiento de protesto o declaración equivalente.

Si se avala la obligación del librador, es indiferente que éste se hubiera exonerado de la garantía de aceptación, con base en el artículo 11 de la LCCH, puesto que lo que se garantiza es el pago, tal como estipula el artículo 35. Por su parte, el avalista del endosante responde de igual modo que éste, garantizando el pago frente a los tenedores posteriores, siempre que se cumpla la cadena no interrumpida de endosos (artículo 18.1º LCCH).

La Ley establece una serie de supuestos en los que se autoriza al tenedor a exigir el pago de la letra antes del vencimiento, obligación que afecta al avalista como obligado en vía de regreso. Los supuestos en los que es posible ejercitar la acción de regreso previo vencimiento son los dispuestos en el artículo 50.2º b) y c) de la LCCH[1]. Para el ejercicio de la acción de regreso en estos supuestos basta la providencia por la que se tiene por solicitada la suspensión de pagos o el auto declarativo de quiebra o concurso (artículo 51.6º LCCH).

Fuera del supuesto anterior, si el aceptante o su avalista no realizan el pago, el tenedor habrá de levantar protesto o declaración equivalente, según lo dispuesto en el artículo 51.1º LCCH. El avalista, a diferencia del librador, no tiene facultad para exigir el levantamiento de protesto, de tal manera que la acción de regreso no depende de este requisito, si el propio avalista introduce la cláusula “sin gastos” o “sin protesto” (artículo 56.1º LCCH). Si la cláusula la introduce el librador, surte efectos contra cualquier avalista de los obligados en vía de regreso. Sin embargo, si es introducida por un endosante o un avalista, sólo surte efectos respecto a ellos mismos (artículo 56.3º LCCH).

Si se produce el perjuicio de la letra, por alguna de las circunstancias del artículo 63 de la LCCH, la pérdida del tenedor de las acciones de regreso frente al librador y los endosantes, afecta también a sus avalistas. Cabe decir que el ejercicio de la acción causa no afecta al avalista, salvo que por otro título haya adquirido responsabilidad en la relación subyacente. En cuanto a la acción de enriquecimiento ejercitada contra el avalista, ésta ha de rechazarse por lo difícil que es concebir y probar dicho enriquecimiento, así como por el hecho de que el artículo 65 de la LCCH no se pronuncia al respecto.

El pago por el avalista.

La posición del avalista que paga la letra.

El pago por el avalista constituye un supuesto de pago extraordinario, que será exigido por el tenedor solamente cuando el deudor avalado no haya realizado el pago, si bien es posible que sólo se exija el pago al avalista o, al menos, de forma previa al avalado (p.e. insolvencia del deudor avalado). De forma general, la letra no puede ser presentada directamente al avalista, sino que ha de presentarse primero al aceptante o en el domicilio de pago indicado en la letra.

De igual modo, el pago por el avalista depende de si el aval es total o limitado (artículo 35.1º LCCH). En caso de pago total por el avalista, éste está legitimado para reclamar al tenedor la entrega de la letra, a fin de actuar contra el deudor. Si el avalista está en posesión de la letra tras su vencimiento, se presume que se ha producido el pago.

El tenedor no puede negarse al pago por el avalista, de tal manera que habrá de aceptarlo y entregar la letra lo antes posible, una vez que se haya realizado el ofrecimiento (artículo 60.3º LCCH). En caso de negarse al pago, se le imputa responsabilidad por el “perjuicio causado con su conducta” a partir del ofrecimiento de pago. Es la llamada mora creditoris, a consecuencia de la cual el tenedor ha de responder por los perjuicios causados, afectando, en este sentido, al ejercicio de las acciones cambiarias.

El alcance del pago del avalista y las acciones resultantes del mismo dependen de quién sea el obligado cambiario avalado. Respecto de este punto, el artículo 37.2º de la LCCH establece que el avalista que pague la letra adquirirá los derechos derivados de ella contra la persona avalada y contra los responsables cambiariamente respecto de ésta última. Así pues, el avalista puede actuar contra el avalado mediante la acción de reembolso, que es una acción cambiaria propia del avalista, distinta de otros instrumentos de garantía personal. Asimismo, el avalista puede actuar contra los obligados cambiarios que responden frente al avalado, cuestión que muestra el aspecto accesorio del aval, ya que el avalista se sitúa en una posición idéntica al avalado. Cabe destacar la naturaleza subsidiaria del aval cuando el artículo 37.2º dice que el avalista adquirirá los derechos derivados de la letra y no los derechos cambiarios que ostentaba el tenedor.

Excepciones oponibles por el avalista.

El artículo 37.1º de la LCCH prohíbe al avalista oponer las excepciones personales del deudor cambiario, dado que el aval es una garantía autónoma. No obstante, la delimitación de las excepciones oponibles por el avalista se plantea como una tarea dificultosa, especialmente en relación con los artículos 20 y 67 de la LCCH, que se pronuncian sobre las excepciones personales.

ARTÍCULO 50 DE LA LCCH.- El tenedor podrá ejercitar su acción de regreso contra los endosantes, el librador y las demás personas obligadas, una vez vencida la letra, cuando el pago no se haya efectuado.

La misma acción podrá ejercitarse antes del vencimiento en los siguientes casos:

  • Cuando se hubiere denegado total o parcialmente la aceptación.
  • Cuando el librado, sea o no aceptante, se hallare declarado en concurso o hubiere resultado infructuoso el embargo de sus bienes.
  • Cuando el librador de una letra, cuya presentación a la aceptación haya sido prohibida, se hallare declarado en concurso.

En los supuestos de los párrafos b y c los demandados podrán obtener del juez un plazo para el pago que en ningún caso excederá del día del vencimiento de la letra.

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