Aspectos importantes sobre el contenido de la carta de intenciones y su fuerza vinculante

La carta de intenciones

La carta de intenciones (Letter of Intent), memorándum de entendimiento (Memorandum of Understanding) o carta de compromiso, no tiene una regulación expresa en el ordenamiento jurídico español, y, por tanto, carece de una formalidad determinada. No obstante, se ha ido introduciendo en la práctica siguiendo las costumbres de los países anglosajones en la negociación internacional.

En un contexto internacional, la carta de intenciones se diferencia del memorándum de entendimiento porque en ella intervienen dos partes, mientras que en el segundo pueden intervenir más de dos.

¿Qué es una carta de intenciones?

Existen muchos tipos, sobre la base de la autonomía de la voluntad, en materia de pactos; las cartas de intenciones vienen a reflejar lo que las partes quieren.

No obstante, el fundamento de la carta de intenciones es el establecimiento de un conjunto de derechos y obligaciones para las partes a respetar durante el periodo negociador. El derecho de información o los deberes de confidencialidad o no competencia, son algunos de los más frecuentes.

Además, pueden contener:

  • Una oferta vinculante, parcialmente vinculante o no vinculante.
  • Un acuerdo preliminar, que puede o no ser de obligado cumplimiento.
  • Un principio de acuerdo para resolver determinadas cuestiones en medio de una negociación más compleja.
  • Simplemente dejar constancia de la voluntad de las partes de formalizar un contrato en el futuro sobre un negocio o transacción internacional.

La Jurisprudencia se ha pronunciado sobre la carta de intenciones de forma casuística. Así, la ha calificado, entre otras, como acuerdo de intenciones, como asociada a los tratos preliminares, como acuerdo para una futura transmisión o como acuerdos precontractuales distintos del precontrato.

¿En qué casos es recomendable utilizar una carta de intenciones?

Se recomienda su uso en caso de negociaciones a nivel internacional que resulten complejas, como los contratos de distribución internacional o la compraventa de empresas.

Resulta esencial que la carta de intenciones fije el objeto de la negociación y establezca un plazo.  En general, se dice que la carta de intenciones tiene como objetivo:

  • Declarar oficialmente la existencia de la negociación con una obligación de exclusividad entre las partes.
  • Aclara los puntos clave de una futura operación como la estructura, los precios, la forma de pago, o, en su caso, acciones o participaciones que se adquieren.
  • Fijar las reglas o bases (como la confidencialidad o la necesidad de due diligence), el calendario para la negociación (plazo estimado para llevar a cabo la operación), y los pactos alcanzados. En este sentido anticipa acuerdos.
  • Establecer garantía para el caso de que el acuerdo finalmente no llegue a buen puerto. Con ello se refuerza la responsabilidad precontractual o culpa in contrahendo.

¿Es vinculante o no vincula su contenido?

El carácter vinculante o no va a depender de lo que las partes hayan pactado en la carta de intenciones. Por ello, es importante que se determine con claridad si la intención de las partes es que el contenido sea o no vinculante.

Como hemos señalado, en principio la carta de intenciones no tiene efectos vinculantes para las partes, salvo las obligaciones de confidencialidad y exclusividad en la negociación respaldadas por cláusulas penales. En cualquier caso, si las partes lo desean, pueden establecer que la carta de intenciones tenga carácter vinculante e incluso determinar las consecuencias de su incumplimiento.

¿Hay responsabilidad por incumplimiento?

Con carácter general, puede señalarse que la carta de intenciones constituye en sí misma un contrato vinculante con objeto, consentimiento y causa propios y distintos del contrato que se negocia contraer en el futuro. Además, no tiene por objeto obligar a la celebración del contrato proyectado, ni originar el derecho a reclamar su cumplimiento.

Pero, como se ha indicado en el apartado anterior, las partes pueden establecer que el contenido de la carta de intenciones sea vinculante, determinando las consecuencias del incumplimiento, fijando cláusulas penales o la obligación de indemnizar los daños y perjuicios.

Por otro lado, la responsabilidad por incumplimiento puede ser tanto contractual, si surge del incumplimiento de obligaciones asumidas en la carta de intenciones, como extracontractual, fruto de su asociación con los tratos preliminares.

La ruptura injustificada de las negociaciones sobre el contrato futuro, sin que se hubiese previsto específicamente una consecuencia en la carta de intenciones, sería un ejemplo de incumplimiento extracontractual.

El acuerdo de exclusividad dentro de la carta

Se trata del compromiso que adquiere cada parte o alguna de ellas en la carta de intenciones, de no negociar con terceros durante el de negociación del contrato proyectado. Suele ir unido a un plazo temporal, una compensación en caso de romper las negociaciones o break up fee, y, en su caso, otras previsiones.

Este compromiso puede respaldarse con una cláusula penal, cuyas ventajas son su función preventiva, y que la parte perjudicada no tiene la necesidad de probar el daño. Además, la cláusula penal puede ser compatible con una indemnización por daños y perjuicios, en el caso de que así se hubiese previsto expresamente.

Etiquetado como:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *