Incapacidad permanente cuando no se trabaja, ¿es posible?

Incapacidad permanente

Tanto la Declaración Universal de Derechos Humanos como nuestra propia Constitución reconocen el trabajo como un derecho. Una opción que podemos ejercer si queremos y lo necesitamos. Y, de hecho, la mayoría de las personas optan por trabajar, y no solo por una cuestión económica, también de desarrollo a nivel personal. Pero hay situaciones en las que una enfermedad o una lesión pueden hacer que trabajar se convierta en algo imposible, es entonces cuando podemos hablar de incapacidad permanente. Ahora bien, ¿es posible la incapacidad permanente cuando no se trabaja?

Breve aproximación a la incapacidad permanente

Estamos ante un supuesto de este tipo cuando se reconoce de forma oficial que una persona está en una situación física o psicológica en la que desarrollar una actividad laboral le resulta imposible. Además, es previsible que esa situación se mantenga a lo largo de toda su vida.

Esa incapacidad podrá ser total o absoluta (entre otras). Es total si la persona está impedida de forma definitiva para ejercer la que era su profesión habitual pero puede ejercer cualquier otra. Mientras que la incapacidad permanente absoluta implica que el afectado ya nunca podrá trabajar en nada. 

En ambos casos, la persona sufre un importante perjuicio a nivel económico, porque para la mayoría su trabajo es su medio de vida. Sin embargo, dentro de nuestro sistema de protección social existen las prestaciones o pensiones por incapacidad. Su finalidad es suplir los ingresos que ya no se perciben porque no se puede trabajar.

La cuantía de las mismas depende de factores como:

  • El tiempo que se tiene cotizado.
  • El tipo de incapacidad que se padece.

¿Se puede acceder a la prestación por incapacidad permanente cuando no se trabaja?

Como hemos dicho antes, este tipo de pensiones tienen como objetivo dotar de recursos económicos a quien debido a una lesión o una enfermedad ya no puede trabajar. Pero puede ocurrir que cuando aparece la contingencia que causa la incapacidad el afectado no esté trabajando, y no reconocerle el derecho a pensión sería injusto.

Aunque sí existe derecho a percibir una pensión por incapacidad permanente cuando no se trabaja, debemos matizar esto, porque no ocurre así en todos los casos.

Para empezar, solo pueden cobrar esta pensión aquellos a quienes se les haya reconocido una incapacidad permanente absoluta o una gran invalidez que deriven de una contingencia común (una enfermedad o un accidente que no tengan nada que ver con el trabajo).

Si el afectado no está trabajando en el momento de producirse el hecho causante de la incapacidad, pero está en una situación asimilada al alta, a todos los efectos es como si estuviera trabajando. De este modo, si se le reconoce una incapacidad permanente absoluta o una gran invalidez empezará a cobrar la prestación correspondiente sin ningún problema.

En caso de que el afectado no estuviera de alta ni en situación asimilada al alta, solo puede llegar a cobrar la prestación si tiene cotizados un mínimo de 15 años. Además, tres de esos años deben haberse cotizado en los 10 años inmediatamente anteriores al hecho causante.

Otro requisito imprescindible que se exige, siempre que se trata de incapacidad absoluta, es que el interesado no haya llegado a la edad legal de jubilación. No obstante, si el afectado tiene edad para jubilarse pero no cumple con los requisitos legales para solicitar una pensión de este tipo, sí puede solicitar la incapacidad permanente en grado de absoluta.

¿Cuánto se cobra de pensión si se accede a la prestación cuando no se está trabajando y cómo es el proceso?

Cuando la causa es una enfermedad común o un accidente no laboral, se tienen en cuenta las bases de cotización de los últimos 96 meses y se dividen entre 112. Las bases de los primeros 72 meses se actualizan de conformidad con el IPC, y de las 24 restantes se toma el valor nominal sin hacer actualización.

En el caso concreto de que la incapacidad derive de una enfermedad común, hay que aplicar a la cuantía resultante un porcentaje que vendrá determinado por el número total de años cotizados. Al final, lo que se cobra es el 100% de la base reguladora.

En cuanto al proceso para el reconocimiento de la incapacidad, este es muy similar al que se sigue cuando el afectado está en situación de alta o asimilada al alta. Tratándose de alguien que no está trabajando, no hay una situación de incapacidad laboral temporal previa, así que el INSS no promoverá la incapacidad de oficio, es el propio afectado el que debe hacerlo, y esta es una de las principales diferencias.

El interesado debe consultar con su médico para que le elabore el informe preceptivo y luego presentar su solicitud ante en INSS, ya sea de forma presencial o a través de su Sede Electrónica (esto último es mucho más cómodo y rápido).

Comienza entonces un procedimiento en el que el solicitante de la incapacidad tendrá que pasar por un tribunal médico que revisará su situación y tomará una decisión. Si finalmente se reconoce la incapacidad permanente absoluta o gran invalidez, el INSS empezará a pagar la prestación correspondiente.

Pero puede ocurrir que el INSS deniegue la petición del interesado. En este caso, lo mejor es ponerse en manos de profesionales especializados y acudir a los tribunales para intentar que estos reconozcan la situación de incapacidad y el derecho a la prestación. Dado que los plazos legales son cortos, es conveniente hacer la tramitación lo antes posible.

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