Principales diferencias entre el régimen de gananciales y la separación de bienes

By Almudena Galán | Sin categorizar

Oct 29

Cada matrimonio es único y diferente. Por ello, el Código Civil prevé dos regímenes económicos bajo los que se pueden regir los contrayentes. Este queda fijado en las capitulaciones matrimoniales y puede optarse entre régimen de gananciales o separación de bienes. Si las capitulaciones no se establecen o son ineficaces, por defecto el régimen será el de sociedad de gananciales. No obstante, ¿se pueden cambiar las opciones fiduciarias que rigen a los cónyuges? ¿Se podrá optar por la separación de bienes después del matrimonio? ¿Y al contrario?

 

¿En qué consiste la separación de bienes?

La separación de bienes es un régimen económico del matrimonio. Sus condiciones establecen que cada uno de los cónyuges del matrimonio posee el dominio y la administración de los bienes de su propiedad. Es decir, no hay bienes comunes de la pareja. Cada contrayente sigue siendo titular de su patrimonio, igual que antes de casarse. Además, ambos miembros deben contribuir en función de sus ingresos a las cargas del matrimonio, como la atención del hogar, los gastos sanitarios o el sostenimiento de la familia.

Características básicas de la separación de bienes

La característica esencial de régimen de separación de bienes es que no se forma una masa común patrimonial de ambos cónyuges, es decir que cada contrayente mantendrá la propiedad tanto de los bienes que adquiera por cualquier título (compraventa, donación, herencia etc) durante el matrimonio, como de aquellos que le pertenecían con anterioridad al enlace -para aquellos casos, claro está, en que las capitulaciones se formalicen con anterioridad a la celebración-.

Por tanto con este régimen no se genera una comunidad patrimonial, ni de activo ni de pasivo, sino que se configura un patrimonio privativo de cada uno de los cónyuges.

La consecuencia directa de esta situación, si bien pudiera parecer muy conveniente, por cuanto que proporciona una plena libertad e independencia, también puede suponer una restricción a considerar, ya que no se producirá participación alguna de las ganancias del otro, sea cual sea su actividad lucrativa o la desigualdad que se genere entre uno y otro patrimonio, por las razones que sean. Aspecto que debe sopesarse, especialmente en estos tiempos en que la precariedad laboral, está al orden del día.

Por la razón anterior es preciso antes de adoptar este sistema, valorar la realidad de las actividades económicas de cada cónyuge. En principio se podría decir que es un régimen muy positivo para aquellos supuestos en que ambos contrayentes parten de cierta igualdad laboral o profesional, de modo que se mantenga un equilibrio más o menos constante, que no dé paso a serias desigualdades que a la larga influyan en el ámbito personal de la unión.

Otra característica esencial de la separación de bienes es que se perfila como un régimen legal supletorio de segundo grado a excepción del territorio de las Comunidades Autonómicas de Cataluña y Baleares donde lo es de primer grado.

Esto significa que en la mayor parte de nuestro territorio nacional, con las salvedades expresadas, si los cónyuges no dicen lo contrario mediante capitulaciones matrimoniales, se les aplica de forma automática el régimen de ganancialidad (o lo que es lo mismo la comunidad de sus patrimonios al 50%), ahora bien si pactan expresamente en la oportuna escritura pública, su negativa a quedar sujetos a dicha ganancialidad, sin especificar cual será el régimen al que quieren someter sus patrimonios; por defecto se entenderá que están sujetos al régimen de separación de bienes.

Lo mismo sucederá si por razones legales o judiciales se extingue el sistema ganancial sin que haya nada previsto, en tal caso se acude al régimen supletorio de segundo grado que es la separación de bienes, está situación se produce en aquellos supuestos en los que se decreta el embargo de bienes por deudas ocasionadas por uno sólo de los cónyuges, no quedando estas cubiertas con dichos bienes privativos, en tal caso prevé el art. 1373 del Código Civil,  podrá pedir el otro cónyuge que el embargo no afecte a su 50% de los bienes gananciales, provocando automáticamente la disolución de la ganancialidad y por tanto la entrada en funcionamiento del régimen de separación.

¿Se puede cambiar de régimen de gananciales a una separación de bienes después de casarnos?

El artículo 1.325 del Código Civil prevé que los contrayentes del matrimonio puedan estipular, modificar o sustituir el régimen económico del mismo o cualesquiera otras disposiciones. Asimismo, las capitulaciones matrimoniales se pueden otorgar antes o después de la celebración de los esponsales. Para que sean válidos tienen que constar en escritura pública. De esta forma, se disolvería el régimen de la sociedad legal de gananciales o separación de bienes para regirse por el contrario.

La separación de bienes con hijos en el matrimonio

Según lo que se establece en el artículo 1.438 del Código Civil, ambos cónyuges han de contribuir al sostenimiento de las cargas de su matrimonio. Esto incluye gastos como el pago de facturas, así como la alimentación y la educación de los hijos.

En el convenio regulador se ha de pactar la participación económica de ambos en estas cargas. A falta de acuerdo, cada uno contribuirá proporcionalmente con respecto a sus respectivos recursos económicos. Es importante tener en cuenta que el trabajo para la casa será considerado como contribución a los gastos.

Documentación necesaria para cambiar de gananciales a separación de bienes

Para cambiar el régimen de gananciales a separación de bienes tan solo hay que otorgar capitulaciones matrimoniales en escritura pública ante un notario. A continuación, esta deberá ser inscrita en el Registro Civil donde esté inscrito el matrimonio. 

Por otro lado, los bienes que hayan adquirido los cónyuges como matrimonio durante el régimen de gananciales han de ser liquidados. Esto significa que a cada contrayente se le adjudica la parte que le corresponda, siendo habitual que se trate de la mitad para cada uno. El coste de este proceso depende de la cuantía del patrimonio a repartir.

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Periodista, jurista, criminóloga, eterna estudiante, cinéfila y lectora infatigable. Soy perito calígrafo judicial en ejercicio y experta en los ámbitos penal y civil.

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