La nulidad del testamento abierto por causa del articulo 687 del Código Civil

Por Mario Sánchez Linde. Abogado del Ilustre Colegio de Madrid.

Como es sabido, el testamento es el documento mediante el cual el testador hace constar su última voluntad, ya fuera ante testigos o fedatario público. Estos sujetos atestiguan las disposiciones del causante en relación a su patrimonio, y del contenido del testamento en general. Aunque existen diversos tipos de testamentos regulados en el Código Civil (testamento cerrado o en circunstancias especiales como peligro de muerte o epidemia, arts. 700 y 701 Cc) el testamento abierto es el más usado en la práctica. 

Para el entendimiento del testamento abierto, son fundamentales dos preceptos del Código Civil.

Artículo 679: “Es abierto el testamento siempre que el testador manifiesta su última voluntad en presencia de las personas que deben autorizar el acto, quedando enteradas de lo que en él se dispone”.

Artículo 694 Cc: “El testamento abierto deberá ser otorgado ante Notario hábil para actuar en el lugar del otorgamiento”.

El incumplimiento de estos dos preceptos, y otros que ahora se analizarán, suponen la nulidad del testamento, ya que el artículo 687 del Código Civil, por su parte, expresa textualmente: “Será nulo el testamento en cuyo otorgamiento no se hayan observado las formalidades respectivamente establecidas en este capítulo”.

De esta forma, el Notario o los testigos han de ser cuidadosos en el cumplimiento de las formalidades recogidas en el Capítulo I (“De los testamentos”), del Título III (“De las sucesiones”), del Libro III del Real Decreto de 24 de julio de 1889, por el que se aprueba el Código Civil. Efectivamente, si se incumple alguna de las formalidades contenidas en el mencionado capítulo, surgirá la nulidad del testamento conforme a lo dispuesto en el artículo 687 Cc, cuando tal precepto alude, literalmente y como se ha visto, a la nulidad del testamento en cuyo otorgamiento no se hubiesen observado “las formalidades respectivamente establecidas” en el Cap. I.

No carece de sentido la nulidad impuesta por la norma, ya que teniendo en cuenta que el testamento se configura como el documento formal de últimas voluntades que recoge las disposiciones atinentes a todo el patrimonio de una persona, el legislador dictamina la sanción de nulidad cuando en su tracto procedimental no se hayan observado las formalidades requeridas por la ley. 

Cuando el testamento es notarial, el Fedatario debe escuchar al testador y después de redactar el testamento según lo relatado por el causante, lo leerá en voz alta y lo presentará al otorgante para su ratificación, constatando así la redacción verdadera y completa de su voluntad en el documento (art. 695 Cc).  Si el causante está conforme con la redacción notarial, firmará el documento testamentario si puede hacerlo. Si por el contrario no sabe o no puede firmar, habrá de hacerlo en su lugar y a su petición, un testigo (art. 695 Cc). Además, si el testador no puede o no sabe leer, habrán de estar presentes al menos dos testigos idóneos, y si aquel fuera totalmente sordo, los testigos deberán examinar la redacción del testamento en presencia del Notario y afirmar que dicha redacción refleja la voluntad del causante (art. 697.Cc). Igualmente el mismo Notario ha de hacer constar en la escritura que, a su entender, el testador ostenta la capacidad legal necesaria para otorgar testamento (art. 696 Cc). 

También debe adherirse en el testamento por parte del Notario autorizante, la mención del lugar, año, mes, día y hora de su autorización, así como el aviso al testador de su derecho a leer el testamento personalmente. Igualmente, el Fedatario Público habrá de dar fe de conocer al causante o de haberlo identificado debidamente (art. 685 Cc, aunque también puede llevar a cabo la declaración regulada en el artículo 686 de Código Civil, que le permite aseverar que no es posible identificar al testador y dejar reseña de los documentos identificativos presentados, así como sus datos personales (vid. en relación, art. 696 Cc). Todas estas formalidades deben efectuarse en un solo acto, sin que sea posible ninguna interrupción, salvo casos de fuerza mayor, o como dice el art. 699 Cc, “por algún accidente pasajero”.

En los testamentos abiertos solamente ante testigos, estos observarán las disposiciones testamentarias del testador y comprobarán su capacidad, aunque no autorizan el testamento y solamente son depositarios de su contenido, por lo que no se les puede exigir una comprobación exhaustiva de las formalidades legales.  Será posteriormente su elevación a escritura pública y protocolización donde se realice de una manera auténtica el control de solemnidades (arts. 703 y 704 Cc). Tampoco debe obviarse como formalidad necesaria la asistencia al otorgamiento de dos testigos idóneos en el supuesto de que el testador lo solicite (art. 697.2º Cc), así como los testigos de conocimiento, los facultativos o los intérpretes a los que alude el art. 698 Cc.

Como se dijo, de no respetarse alguna de las formalidades relatadas, devine la nulidad del testamento ex artículo 687 Cc.  Además, esta nulidad habrá de ser taxativa -no prescriptible ni sanable-, que invalida tanto el otorgamiento como la autorización del testamento. Este ideario también es refrendado por el Tribunal Supremo, quien asegura que siendo el fenómeno sucesorio un acto notablemente formal, será siempre necesario para evitar su nulidad el cumplimento de todas las solemnidades requeridas por el Código Civil o que otra norma postule (en este sentido y entre otras, STS de 9 de mayo de 1990, res. num. 289/1990).