¿Deberíamos ofrecer primera consulta gratuita en ejercicio de la abogacía?

Te contamos por qué deberíamos cobrar la primera consulta con nuestros clientes

Cuando un potencial cliente realiza una consulta a un abogado, a éste en muchas ocasiones le surge la duda de si cobrar esa consulta o no y, en caso de cobrarla, cuánto debe cobrar por la misma.

En ocasiones, los abogados se cuestionan si cobrar la primera consulta pues la misma supone una oportunidad de que ese cliente contrate sus servicios y quizá el hecho de cobrarla haga que el cliente no acuda a la cita o la anule, perdiendo de esa forma a ese potencial cliente. En estos casos, el profesional debe recordar que resolver una consulta legal a un cliente no es un mero consejo que al abogado le sale gratis, sino que el abogado ha invertido mucho tiempo y dinero en formarse debidamente para poder resolver esas consultas, lo que sin lugar a dudas tiene un valor económico que el cliente debe asumir.

Además de lo anterior, un abogado, como cualquier otro trabajador autónomo, tiene unos costes fijos y variables derivados del ejercicio de su profesión a los que debe hacer frente como: alquiler, suministros, cuota de autónomos o de la mutualidad de la abogacía, medios materiales para el desarrollo de la actividad, salarios de empleados, etc.

Por tanto, el abogado que se plantea si cobrar o no una consulta, no debe pensar solamente en esa concreta consulta, sino en todo el tiempo y dinero que ha invertido para poder resolver la misma.

Si el abogado no cobra la primera consulta, transmite al cliente que tiene mucho tiempo libre, por lo que tiene pocos clientes y que valora poco su trabajo, con lo que el abogado consigue el efecto contrario al pretendido al no cobrar la consulta, esto es, que el cliente no le contrate, al considerar que los servicios que puede ofrecerle el profesional no serán de calidad.

Procedimiento de trabajo

Cuando hablamos de una consulta jurídica, normalmente pensamos en una cita en el despacho profesional del abogado en la que el cliente expone su problema y el abogado aporta una solución en base a sus conocimientos, pero lo cierto es que existen numerosos tipos de consultas.

En la actualidad, las consultas jurídicas pueden realizarse por numerosos medios: teléfono, email, videoconferencia, cita presencial, a través de una app, a través de formularios de consulta en páginas web…

Que el cliente contacte y exponga su problema a través de una concreta vía de comunicación, no implica que el abogado deba responder a través de la misma vía, pudiendo en cada caso concreto atender la consulta por el medio que mejor considere.

Es aconsejable que, salvo concretas excepciones, el abogado establezca un procedimiento para atender las consultas, por ejemplo:

  1. Facilitar un email y/o un formulario de contacto en la página web, vías a través de las cuales los potenciales clientes pueden exponer sus consultas. 
  2. Establecer un plazo máximo de respuesta a la consulta a través de email o teléfono. 
  3. Ofrecer una primera respuesta que contendrá información general sobre la consulta, confirmación de que el profesional puede llevar el asunto, ofreciendo una cita para consulta presencial o a través de videoconferencia y con información del precio de la consulta y la forma de pago.
  4. Una vez confirmado el pago de la consulta, confirmación de la cita y atención al cliente.
  5. Posteriormente a la consulta, envío de resumen de la reunión e informe jurídico sobre las vías a seguir y presupuesto.

Fuera de estos supuestos, puede darse la situación de que un familiar de una persona que se encuentra interna en un centro penitenciario solicita que el abogado le visite para que el interno le realice una consulta, o que sea necesario que el abogado se traslade a un inmueble para valorar unos daños producidos en el mismo, o que el cliente no pueda trasladarse ni tenga medios para realizar la consulta por videoconferencia y el abogado deba trasladarse…, en estos casos el procedimiento deberá alterarse, cambiando en consecuencia la valoración que el profesional haga de la concreta consulta.

Resultado de las consultas

Al igual que resulta aconsejable que el abogado elabore un procedimiento de trabajo para atender las consultas de sus clientes, también es recomendable que elabore un documento tipo para remitir a sus clientes una vez resuelta la consulta.

Ese documento puede adoptar la forma de un pequeño informe jurídico en el que se hagan constar los hechos que motivan la consulta, la legislación aplicable, los resultados que pretenden obtenerse y las vías de actuación para la consecución de los mismos.

La elaboración de este documento al que acompañará el presupuesto detallado por la intervención del abogado, ayudará a generar confianza en el cliente y aportará valor a la consulta realizada.

¿Cuánto cobrar por una consulta?

Es muy recomendable que el abogado tenga una tarifa fija a cobrar por sus consultas habituales, teniendo para ello en cuenta el ámbito de especialización al que se dedica y el tiempo que invierte de media en resolver estas consultas.

Fuera de los supuestos habituales, pueden darse consultas que impliquen más tiempo de reunión o de estudio, desplazamientos por parte del abogado, estudio de numerosa documentación, etc. Estas consultas deberán cobrarse teniendo en cuenta el tiempo invertido en las mismas, tomando como referencia el precio de la consulta básica. Una buena forma de fijar la tarifa para cada consulta es valorar en un importe cada hora de trabajo y multiplicarlo por el tiempo invertido en solucionar dicha consulta, desde el primer contacto con el cliente hasta el envío del informe escrito de la consulta y el presupuesto.